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Siempre he escrito, desde que tengo uso de razón.
Siempre he sido abierta con mis emociones y escribir siempre ha sido la mejor ventana para mi para dejar salir todo aquello que crea, se cuestiona, razona mi mente.
Nunca he tenido temor de exponerme, desde muy pequeña he dejado que otros lean lo que escribo. Antes de la adolescencia, tenia mil cuadernos con innumerables poemas, cartas, prosas… que mostraba a amigos, mi hermano, enamorados… Recuerdo que a uno de ellos no paraba de dejarle mensajes en paredes, en pupitres de clases en común sin miedo a que otros supieran quien era la mensajera y para quien era el mensaje. Sin miedo a que el receptor supiera quién era la emisora.
Más tarde, apareció internet y con ella infinitas posibilidades para compartir mis ocurrencias, entre ellas Predicado, donde aún conservo muchos de mis escritos. Luego se me ocurrió abrir un blog donde pudiera escribir de cualquier cosa, no solo de amor o tristezas.
No sé en qué momento deje de usarlo y voltee mi mirada al Facebook, donde los estados han servido de catarsis bien sea por trivialidades o cosas más “profundas”, donde aprendí que sin extenderme puedo decir mucho.
Mientras todas esas etapas ocurrían, paso también que deje de ser una persona poco comunicativa (verbalmente) a comunicar demasiado, y al mismo tiempo sucedió que emigre. Emigre a los 28 años, a un país que queda a aproximadamente 16mil kilómetros del que me vio nacer y crecer, con mi esposo e hijo, pero sin mis padres, hermanos y familia de toda la vida.
A pesar de tener a mis dos tesoros, y creo que este sentir no es solo mío, esa necesidad de formar parte de una familia grande, bullosa y donde están los unos por los otros para las verdes y maduras, apareció en mi y no supe interpretar todo esto sino hasta hace un mes.
Emigrar te cambia de un modo que, todo lo que pasa a tu alrededor, a ti a los tuyos, se siente con mucha más fuerza. Te vuelves más sensible.
Para mí, cada persona que he dejado entrar a mi vida se ha vuelto necesaria; las he convertido en un “para siempre”, como si fuera gente que he conocido toda la vida. Y es que la amistad, desde que me volví inmigrante, tomo otro sentido: el apego ha sido mayor, la entrega infinita y por ende cada pequeña petición la cumplo sin miramientos, pero también cada resbalón ha sido como una caída al vacío. Así de dramático.
Si yo he vivido una montaña rusa de emociones en mi vida, ha sido durante estos 5 años de inmigrante y mi manera de vivir la amistad.
El final del 2016 y el principio tumultuoso del 2017 me enseñaron muchas cosas:
- Aceptación. Aceptar a quien de verdad quiero, tal y como es. Incluyéndome.
- Agradecimiento. Asi se ve la vida desde otro punto de vista y se le da importancia a lo que realmente la tiene.
- Nadie actúa, piensa o siente igual. No todo el mundo valorara lo que haces por otros, ni se entregara de la misma manera. No todo el mundo ve la amistad de la misma manera. Por ende,
- Desapego. El apego a las personas solo sirve a largo plazo para traer tristezas y decepciones.
- Volver a mis bases. Tal vez escribir sea mejor que hablar. Tal vez asi hiera menos con mis opiniones y emociones.
- Lo más importante de mi vida, y mientras estén, yo estaré bien: Mi esposo y mi hijo, mi perro y mi gato. Los demás son complemento de mi felicidad, pero tengo a mi lado lo que de verdad me completa.
- Cero dramas. Soy dramática, pero al mismo tiempo odio el drama. Odio a mi cabeza cuando no para, cuando no me deja dormir. Por ende todo aquello que represente drama, será ignorado. No puedo perder mi sueño más de esta manera.
- VIAJAR. Esto me hace feliz. Tengo que hacer las cosas que me hacen feliz!!
Y aunque sea un cliché, estas son mis resoluciones del 2017.
He vuelto y no hay quien me quite el lápiz! (o el computador).
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Hoy mientras buscaba una dirección en Google Maps, apareció frente a mis ojos esa enorme figura de destapador de botellas que tiene el mapa de Australia y al rededor de ella azul, mucho azul de agua de mar... Y no pude evitar sorprenderme por lo aislados y solos que estamos en esta inmensa isla.
Me produjo cierta tristeza. Sin embargo, no dejo de darle gracias a Dios por habernos dado la oportunidad de vivir en esta tierra y le he agradecido más que nunca este mes, siempre con un agrio sabor en el gusto y el corazón, tragando grueso, por las lágrimas de la lejanía familiar.
La muerte de Mónica Spear ha desenfundado entre nosotros, los venezolanos que vivimos en el extranjero y los que no, una realidad que sabíamos que existía pero que, como todo, no la "asimilamos" hasta que nos la tiran en la cara (o nos ocurre a nosotros).
Mucha gente critica la cobertura que se le ha dado a esta terrible noticia por ser un personaje público, siendo éste el pan de cada minuto de muchos "hijos de vecino" en nuestro país, sin embargo yo agradezco que sea noticia y se mantenga en la palestra, pues por algún lado y de alguna forma hay que empezar a abrir los ojos a la terrible situación que nos aqueja.
Este pan nuestro fue uno de los principales motivos por los cuales emigré. En lo que va de Enero 2014 ya he sabido de casos que nadie en otro país se imagina que suceden, como que entren en casa de alguien con una granada, como que maten a un señor por unos perniles o que alguien llegue de unas vacaciones heladas deseando el clima de su Caracas pero se le quiten las ganas porque estuvo a punto de ser asaltado dentro del aeropuerto.
Al menos salvé a mi hijo de aquello. Y aunque me duela mucho decirlo y aunque extrañe enormemente a mi familia más que a nada en el mundo, El Ávila, los jugos naturales y nuestra exquisita gastronomía, no me quedan ganas de volver ni de vacaciones. Temo enormemente ir y no volver. Más temo que mi hijo no vuelva.
Trsitemente mi hijo es parte de esa generación que crecerá sin abuelos, gracias a la desgracia que ha caído en nuestro país. Posiblemente poco entenderá de la importancia de estos seres en su vida.
Venezuela, un país hermoso en geografía y paisajes, pero con una esencia perdida. Un país lo hace su gente y lamentablemente la gran mayoría no te hace bien.
Espero poder verte regenerada algún día, aunque ahora se me pinta lejano.
Por ahora me quedo con mi destapador de botellas aislado.
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Es
sorprendente como de repente se empiezan a venir recuerdos, sin ninguna razón
aparente, de alguna época de tu vida … Como algunas personas te llevan a pensar
en ello, como otras simplemente aparecen con, por ejemplo, una foto que te
transporta a un tiempo de mera felicidad. Más sorprendente aun es que todo
ocurra en un tiempo determinado… no es que una foto aparezca por ahí en Enero y
luego en Septiembre alguien te haga recordar algún momento preciado, sino que
todo ocurre en cuestión de 2 semanas (y a lo mejor sigue).
Así me
ha ocurrido últimamente con recuerdos de mi infancia, la cual pensé había
olvidado. Tenía vagos recuerdos de momentos felices, pero nada muy concreto.
Ahora entiendo que solo hacía falta un gatillo que los trajera de vuelta (no
todos, algunos).
Hace un
par de semanas mi hijo me pidió permiso para invitar a un amiguito del colegio
a quedarse a dormir en la casa. Internamente grité “POR
FIN!!!”, pues tengo alrededor de un año motivándolo a invitar a alguien a jugar
y siempre me decía “no mami”, todo porque lamentablemente desde pequeño está
acostumbrado a jugar cosas que no todos los niños de su edad tienen permitido
jugar y huye de meterse en problemas. Creo que yo estaba más emocionada que él
y mientras le decía lo divertido que era y que después no iba a parar de
hacerlo, percibí un aroma que reconocía de mi infancia, un aroma que venía no
de algún sitio físico sino de mis recuerdos.
La Casa De Gabriela:
Muchas pero muchas tardes pasé yo en su casa, y es que yo adoraba ir para allá! Despues del colegio, nos ibamos juntas, su mama nos pasaba buscando y hacíamos la tarea en su mega IBM (su papa siempre tenia lo último en computadoras). Aún recuerdo el sonido de la impresora láser (toda una novedad para la época) y lo que me impresionaba la calidad de impresión. Parte de mi aprendizaje de este mundo se lo debo a Gabriela, que también siempre estaba al día en la tecnología. Una cosa tonta que me llamo la atención siempre de cuando hacíamos trabajos, es que ella usaba este simbolito al principio de cada línea ¶ y prometo que aún no se para qué.
Pero lo que más recuerdo de Gabriela y su casa, era el olor. Olor a hogar. Algo tenía ese apartamento en Manzanares que me hacía sentir cálida, alegre y luego en la noche mejoraba cuando la señora Vilma hacia sus sencillos pero exquisitos sándwiches tostados con queso y jamón... Creo que ese era el momento más esperado. Tal vez por ello pocas veces me fui antes de la cena jijiji.
Gabriela
fue mi primera amiga cuando mis padres decidieron cambiarme de mi escuelita
pública a un colegio privado, un ambiente muy diferente cabe destacar, pues en
las escuelas públicas se estudia con gente que vive desde debajo de un puente
hasta en una casa con mucho espacio. Ese cambio fue un poco duro para mí y
aunque no recuerdo exactamente como pasó, Gabriela tuvo la bondad de ser mi
amiga. Éramos las “gallas” de la promoción en ese entonces.
Tontamente
me encontré con una sonrisa de nostalgia en mi cara mientras pensaba en ello.
Aquellos tiempos...
Disfruten El Paisaje
Días después
- o antes, ya no tengo certeza del tiempo - mi familia y unos amigos decidimos
irnos de viaje a Port Lincoln, un pequeño pueblo al Sur de Australia donde el
atractivo principal es meterse en una jaula a unos metros dentro del mar para
ver tiburones blancos.
Los
tiburones, que por cierto no llegue a ver, no trajeron ningún recuerdo a mí,
sin embargo el paseo como tal me llevo a aquellas incontables ocasiones en que
mis padres nos llevaron de viaje a mis hermanos y a mí, casi siempre al mismo
destino que ahora supongo porque era lo más barato, pues no había que pagar
hospedaje, pero nosotros siempre felices de ir una y otra vez.
El
mismo destino una y otra vez, la misma vista en el camino... y mi papa siempre,
siempre nos decía: Disfruten el paisaje. En ese momento nunca llegue a
prestarle mucha atención, aunque me recuerdo con la mirada en la ventana viendo
Araguaneyes de Abril en las montañas de Aguas Calientes, el pueblito de Puerto
Píritu o la Iglesia de Jóse ya llegando, pero hoy en día asimilo la huella que
dejo mi lindo papa en mi vida: Adonde voy, así sea a 1 cuadra de mi casa,
admiro el paisaje y aquí en Australia, donde lo que más se ve es una naturaleza
estupenda, es imposible no hacerlo.
Este
viaje me llevo a esos días, en especial por las carreteras desérticas y
llenas de verde y cielos azules con nubes de lienzo. Así eran mis viajes
siempre.
No es
que me haya pasado lo mismo, pero también me llevo a los días en que nos divertíamos
(cruelmente), en especial durante el mes de Agosto, pisando cangrejos en la vía.
Cuando escuchábamos un "crack" celebrábamos como si hubiera sido un
gol.
El Clan del Edificio y
Mi Hermano Mayor Y Yo
Mi hijo ahora anda de callejero y to feliz... Pues por fin siento que esta siendo niño y que esta disfrutando su vida en vez de estar encerrado.
Recuerdo en mi infancia, en mi edificio éramos 6, 3 niñas y 3 niños, que desde los 10-11 años nos la pasábamos inventando en el parque o por la urbanización... Estas son de las cosas que recuerdo con más amor y nostalgia...
Las parrillas que nos armábamos... teníamos entre 12 y 14 años y lo que hacíamos era que cada quien bajaba de su casa una caja de bistecs, de salchichas o lo que fuera y con un pedazo de verja de metal que nos encontramos y dos rocas grandes que estaban allí haciamos una parrilla. No me acuerdo como prendiamos el fuego, tampoco recuerdo como sabía la carne, pero si recuerdo muy bien los buenos ratos que pasábamos haciendo esto.
El puesto de estacionamiento de mi papá era el último y había un enchufe... Nosotros, cual venezolanos de pura cepa, bajábamos un radiecito y todos los cd´s de merengue que teníamos y nos poníamos en pleno estacionamiento a bailar jajaja... Qué buenos ratos!!!
Ni hablar de cuando nos íbamos todos a Los Próceres y pasábamos horas dando vueltas en patines!!!
qué infancia tan divina tuve...
![]() |
| Aquí parte del clan, mi hermano menor el blanquito de corte totuma y el negrito de la esquina, Jorge... Y quien me abraza, mi hermoso hermano mayor. |
Pero este espacio también se lo quiero dedicar a mi soporte, a mi gran soporte llamado Camilo López, mi hermoso hermano mayor. Desde muy pequeños tan unidos, y al ver esa foto hace un tiempo no pude dejar de darle gracias a Dios por siempre haberlo tenido a mi lado y seguir teniéndolo vivo para hablar, reir y llorar con él, así sea en la lejania... Ahora lo extraño tanto...
Una infancia que pensé olvidada y que la vida me trae a la memoria por medio de hermosas vivencias... Que continúe así, para no sentir que mi mente falla...
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Hace un tiempo, de regreso del trabajo a
la casa, iba yo en el Metro bus de Altamira a La Trinidad y la cola era
estupenda, como siempre. Gracias a Dios iba sentada, pero necesitaba distraerme
con algo, así que decidí escuchar podcasts.
A veces pienso que tengo demasiados en mi
Ipod y por eso me va a costar decidir qué escuchar, sin embargo este
pensamiento se esfuma cuando voy a la sección de podcasts y siempre me dirijo a
3 en especial, dependiendo de si quiero aprender gramática y vocabulario en inglés,
escuchar sobre una extensa variedad de temas acerca de Australia, o sólo reír
un rato y conocer el humor australiano… Y en esa oportunidad lo tenía bien
claro: cola + metro bus + mucho ruido = necesitaba reír, así que le di play al
podcast “Is it just me?” de dos maravillosas mujeres australianas, Angela
Catterns y Wendy Harmer, que en el tercer corte del capítulo 26 conversan sobre
un test psicológico para saber qué tan feliz o triste eres. La psicóloga
preguntaba a la persona que describiera 3 momentos felices y 3 momentos tristes
de su vida y dependiendo del orden en el que las describiera, la psicóloga
podría determinar el nivel de felicidad o tristeza de la vida de la persona en
cuestión.
Pues bien, más allá de querer saber qué tan
feliz o triste soy, este podcast me llevó a escribir este post sobre las 3
memorias más felices y las 3 más tristes de mi vida – hasta ahora– para… no sé,
como un ejercicio interesante para mi y –tal vez- una curiosidad para ustedes.
MEMORIA FELIZ:
Cuando vino mi bebé al mundo. Si, es
trillado, pero es cierto! El día que mi hijo nació fue bastante peculiar, pues
ni siquiera tenía yo pensado ir a una clínica. Solo necesitaba ir a consulta a
hacerme la radiopelvimetría para determinar si mi hijo nacería por cesárea o
por parto natural.
Luego de una larga espera por los
exámenes, resultó ser que tenía una fisura en la bolsa, y la doctora como a las
4pm me llamó a su consultorio: “vente urgente a la clínica que hoy tenemos que
hacerte cesárea” Ah bueno, será.
Con aquella calma le dije a mi hermano… y
entonces él se convirtió en el neurótico. Manejé hasta la casa (hasta ese últmo
día estuve manejando con mi panzota). Mi hermano corre pa’ lla, corre pa’ca y
yo muy tranquila, recogiendo mis cosas y preparándome. Cortándome las uñas,
haciendo lo posible por aparecer sin un solo pelo (jejeje)… Gracias a Dios la
cesta con las cosas del bebé la había acomodados un par de días antes.
De camino a la clínica, a eso de las 8pm,
teníamos que ir de Baruta a Los Ruices y la cola no podía ser peor. Yo…
relajada, sacándome las cejas; mi hermano… Pobrecito. No podía con el stress.
Al llegar a la clínica como 1 hora más tarde, me estresé, pero no porque
entraría al quirófano, sino porque estaba mi familia junto con la del papá del
niño y la tensión era tal que una sola palabra podía desatar una pelea. Pasé de
largo directo a donde las enfermeras me prepararían, y a las 10pm estaba entrando
al quirófano junto con mi mamá.
La operación fue con anestesia local y
aunque tenía los ojos bien abiertos y sentía los movimientos en mi panza, no
recuerdo nada de lo que la doctora decía. Mi mamá estaba sentada a mi lado
haciéndome cariño en la cabeza y yo le preguntaba “qué están haciendo?” y ella
me decía. Recuerdo que sentí cómo JC se arrimaba hacia arriba y todos los
órganos allí se fueron con él y no me dejaban respirar, hasta que lo pudieron
sacar y escuché la nalgadita y seguidamente el llanto de mi bebé. Lo primero
que vi de él fue su pie… por dios, QUÉ PATOTA!! Con razón, teniendo 7 meses de
embarazo, veía su piecito sobresalir de mi panza cuando pateaba. Mi mamá lo
tenía cargado y lo volteó y me preguntó: Míralo,
reconócelo, puedes? … Era impelable… Con esa nariz, tenía que ser mi hijo!!
No sé si ha habido algo más triste para mí
que decepcionar a mi papá y esto lo he hecho muchas veces, pero nada como
durante los años 2.003 y 2.004.
El momento más duro fue cuando me tocó
decirle que estaba embarazada. Mi mamá ya sabía. Ella siempre ha sido mucho más
calmada, abierta. Cuando la llamé, le dije: “Tengo que decirte algo” Y su
respuesta fue “Estas embarazada, verdad?”… Así son las madres.
Con mi papá fue más difícil. Sabía que iba
a ser un golpe duro, así que temía su reacción. Temía que le pasara algo a
nivel de salud, incluso. Mientras estaba sentada en su cuarto con el resto de
la familia esperando tener el valor para decírselo, por mi cabeza pasaba desde
todo lo que él me enseñó y que no supe aplicar en la vida hasta todo el amor
que le tenía y no había podido demostrarle con mi comportamiento.
Hablaban y hablaban y yo no escuchaba
nada. Estaba como en otro lado. Mi cara de miedo delataba que algo pasaba y mi
papá lo sabía. Días antes me había llamado por teléfono para preguntarme si
estaba bien. Aproveché un segundo de valor que tuve y le dije: “Papá, me pasa
algo”. Inmediato silencio. Y siguieron la frase letal: Estoy embarazada. Y sin
esperar nada, brinqué a los brazos de mi mamá y me puse a llorar como una niña
chiquita. El silencio continuó y solo recuerdo la cara de mi papá, una cara
pasmada. Llegó a decirme que sabía que algo me pasaba, porque había soñado días
antes que me clavaban unas lanzas.
Los siguientes días, su cara de tristeza,
su preocupación y sus propias palabras me hicieron saber la gran decepción que
le había causado.
Hasta aquí dejo este cuento porque solo de
escribirlo ya tengo un nudo horrible en la garganta por el recuerdo.
MEMORIA FELIZ:
Sin duda, los 6 meses que viví en
Barcelona.
A pesar de las circunstancias, fue una
época feliz. En principio, fue mi primera vez en un avión y por lo tanto
también mi primer viaje al extranjero, mi tan soñado viaje al extranjero… Y
vaya viaje! No me iba de turismo, me iba a tratar de armar una vida.
Luego, resultó ser que desde muy pequeña
había estado enamorada de Barcelona, en especial de La sagrada Familia y de
Antoni Gaudí, qué clase de arquitecto. Además, amante del futbol yo, apoyo al
FC Barcelona desde al menos hace 20 años. Podrán imaginar que ir a vivir a
Barcelona y recorrer sus calles fue un sueño hecho realidad. El día que vi por
primera vez La Sagrada Familia, que fue un encuentro fortuito, iba yo distraída
caminando y algo me llevó a voltear mi cabeza al cielo y allí la vi… En mí
cabeza sonó Carmina Burana (en serio). Nunca olvidaré ese día.
Mis recuerdos están llenos de La Rambla en
Primavera, cuando caminaba a las 8am y los puestos de flores abrían y
perfumaban todo el sitio; el Paseo de Gracia, con la Batlov y la Pedrera adornándola…
Recuerdo que un día me acosté en un banquito frente a la Batlov y al verla en
esa posición, no pude evitar sentir que estaba en la profundidad del mar, con
el papá de la sirenita. También recuerdo que la primavera llenó el
paseo de Gracia de polen… fue un infierno para mi jejeje.
Me recuerdo caminando a las 2am por La
Rambla, con mi hijo en el coche, sin miedo y feliz. Recuerdo cuando lo llevaba
al parque y lo dejaba jugar libre sin perseguirlo adonde fuera.
Dígame cuando mi papá fue a visitarme… Qué
miedo que me viera viviendo tan limitada, pero creo que también me vio feliz. Vivimos la experiencia de celebrar en el Camp Nou, junto al Barcelona FC, las tres copas ganadas ese año. Escuchar a Joan Manuel Serrat cantar el himno del equipo y a Eto'o gritar Madrid, cabrón, saluda al campeón, fue genial.
Nunca conseguí una trabajo bueno, nunca
pude legalizar mi situación allá y mi pareja en ese momento era más una carga
que una ayuda. No comía bien y vivía en un apartamento realmente pequeño
(30mts2), pero si vuelvo a vivir una situación semejante, no la cambiaría, con
tal de volver a vivir ese sentimiento de libertad y paz.
…Si que le he causado dolores de cabeza a
mi papá. Siempre tuve novios que ningún padre hubiera querido para su hija. De
paso, quedo embarazada del que menos en la vida mi papá hubiera querido fuese
el papá de un nieto suyo y para terminar de ponerla… Me caso con un carajo por
rebeldía y me escoñeto más la vida.
La relación con mi papá desmejoró en un
1000% luego de mi embarazo, no había comunicación y peleábamos mucho. Yo
rebelde y el controlador… no era buena mezcla.
Al mejor modo rebelde, decidí empatarme
con un muchacho que trabajaba conmigo, de muy buenos sentimientos pero sinceramente
inestable en todo nivel, y en una de esas peleas con mi papá, le dije: Me mudo
con César. Seguidamente una cachetada y la siguiente frase: TU NO SALES DE ESTA
CASA SI NO ES CASADA. Y en mi mente:
Aaaaahhh siii? Ah bueno.
Un día antes llamé por teléfono a mi papá
y a algunos de mi familia y amigos, para decirles que me casaba al día
siguiente en la prefectura más triste de toda Caracas. Para colmo, el día llega
y cuando busco a mi futuro esposo, este tenía una franela desgastada, un jean
negro que ya no podía más con su vida y zapatos deportivos… Si antes no estaba
segura, cuando vi este rancho, quise dejarlo allí y devolverme. Pero mi orgullo
no me dejó. Lo mandé a cambiarse y nos fuimos a la prefectura.
Fue un día realmente triste para mí. No
había nadie en el sitio, mi papá tenía cara de demonio de mal humor mezclada
con velorio, mi hermano menor me veía con decepción y los testigos fueron en
cholas y con pinta de obreros recién salidos de la construcción. Cuando me tocó dar el “si”, la juez me preguntó,
“Qué? Puedes decirlo más alto?” … Así estaría de segura. Y cuando terminó… No
sentía felicidad, ni tristeza. Estaba en completo shock.
Pero la parte más triste del día fue
cuando llegué a mi casa y me acerqué a saludar a mi papá. Apenas puse un pie en
su cuarto, me hizo saber la gran decepción que era en ese momento para él, la
tristeza inmensa que le había causado ese día y los últimos meses. No pude
refutarle una sola cosa, tenía toda la razón.
MEMORIA FELIZ:
El día que me casé con Rodrigo fue un día
feliz, sin duda. Pero más que nada, el momento más feliz del día fue cuando,
comenzando la pequeña reunión organizada con nuestras familias y amigos
cercanos para celebrar, Rodrigo fue adonde teníamos la “miniteca” (su ipod con
sus cornetas) y puso la marcha nupcial. Seguido de eso, sonó una de nuestras
canciones, Runaway de The Corrs y para completarla, dio un discurso frente a
todo el mundo de lo feliz que estaba, de lo mucho que me amaba y que deseaba
formar una familia conmigo. DIOS!! Qué belleza. Y yo llorando como tonta. La
gente se quedó esperando que yo dijera algo, pero qué va, lo único que hice fue
llorar.
Por ahí una vez leí que no había un sitio
más triste que el aeropuerto de Maiquetía en estos tiempos. Todos los días ves
familias separarse y ves lágrimas derramarse por ello. Y yo fui parte de eso,
dos veces.
La primera vez cuando me fui a Barcelona
fue dura. Me iba en una situación incómoda con mi papá, sin embargo en el
aeropuerto el amor mutuo salió a relucir y lo vi como por tercera vez en mi
vida llorar a moco suelto. No hay nada más triste que ver a mi papá llorar.
Y la segunda vez fue hace 3 meses. Pocas
veces he llorado con tanta profundidad como lo hice el día 26 de Agosto del
2.011. Despedirme de mi mamá fue algo tan duro para mi… no la quería soltar. De
mi hermano mayor, que ha sido un apoyo incondicional en mi vida; de mi hermano
menor, que con todo y lo difícil que hemos sido el uno con el otro, no cabe
duda de que nos queremos y que lo extraño por montones; y por supuesto,
despedirme de mi papá, quien fue fuerte, no botó ni una lágrima frente a mi ni
frente a mi hijo.
No hay nada más doloroso que
separarte de los seres que más amas en la vida. Cada día los pienso, rezo por
ellos para que estén bien y extraño profundamente abrazarlos… hasta sus gritos
y peleas extraño.
Escribí las primeras memorias que me
vinieron a la cabeza. Mi vida esta llena de ellas, de todo tipo y lo importante
siempre será disfrutar de los momentos felices y aprender de buena manera de
los momentos tristes y amargos, para mejorar en nuestra vida.
See ya.
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…Creo que tengo un problema. O puede ser una característica de mi personalidad, que no sé si es defecto o virtud, pero al fin y al cabo, “eso” logra que concientice algunos aspectos de mi para mejorar o para reconocer… más lo primero que lo segundo.
Resulta que me autoanalizo, a veces en exceso. Me autoanalizo a cada rato. Es un poco molesto, porque – también a veces – pienso de más en lo que internalizo y doy tantas vueltas que luego termino exhausta y obstinada de mi misma. Claro, esto puede ser algo bueno cuando decides, gracias a esa obstinación, acabar con eso que te lleva al autoanálisis si es algo dañino o simplemente aceptarlo si es algo bueno. Pero con el tema que ocupa este post, no he logrado llegar a ese punto.
Como ustedes ya deben haber deducido de mi experiencia religiosa, por medio de una situación – para mi – traumática, perdí (o ella me perdió a mi, o simplemente nadie se perdió nada) una amiga. Una persona que para mi era mi “uña y sucio”, mi compinche. Con ella iba para todos lados y desde hace años era con quien más me la pasaba, con quien compartía absolutamente todo…ABSOLUTAMENTE TODO! Lo que en mi vida acontecía y llegué a pensar en algún momento que era recíproco.
Esta vivencia tuvo tantas consecuencias en mí que ya perdí la cuenta. Algunas han ido cercenándose con el pasar del tiempo, pero hay una que no termina de curarse y es llenar el vacío de ese puesto especial.
Es verdad, es posible que me esté hundiendo en una ponchera para coletos. Siempre he sido una persona un tanto selectiva con la gente y tengo mis amigos del alma… Leisa, mi Yin, mi melóñ… Así la llamo; es simplemente indispensable en mi vida. Andreína prácticamente otro Yo. Wendy, qué especial es ella. Alexandra, mi morocha… Betty, que aunque ella no sepa es bastante importante para mi… Si, si hay gente especial en mi vida, muy pero muy especial. Sin embargo siento ese vacío… no sé por qué. Siento una profunda necesidad de hacer una amistad nueva y cada vez que conozco a alguien con potencial, es como si enloqueciera.
Un ejemplo claro es que poco tiempo después del “suceso”, creo que MUY poco tiempo después, quise profundizar mi relación con una persona a la cual conocí previamente y que era también alguien común del medio fotográfico… Error. Decidí impulsivamente confiar en esa persona y desahogar todo lo que llevaba por dentro de lo que había sucedido, pensando que posiblemente su relación con la otra era igualmente nueva que la mía y nuevamente la vida me dio una cachetada… menos fuerte pero igual de dolorosa. Mágicamente la creadora del conflicto se enteraba de absolutamente todo lo que yo decía y vivía. Mi shock no fue fácil. A partir de allí, me volví muda. A pesar de la mucha gente especial que tengo a mi alrededor (y espero que no lean lo que viene), siento que no tengo con quien descargar mis filosofadas y mis internalizaciones.
Desde ese entonces (1 año y pico ya) no había intentado hacer amistad con alguien, ya que simplemente no confiaba, pero ahora lo he vuelto a intentar. A pesar de mi miedo a entregar confianza, he ido poco a poco soltándola aunque a veces siento que desde afuera me veo desesperada por un(a) amigo(a) y paro.
También siento que ahora me cuesta muchísimo más entablar conversación, ser una persona interesante. Tal vez sea que me esfuerzo tanto que al final no logro nada. Tal vez sea que “autoestímicamente” hablando, allí sigo mal… y simplemente no cuaje la cosa.
Entonces cuando me autoanalizo y noto mi posible desespero y mi novedosa pérdida de socialización, me digo “olvídalo. O dejas que todo fluya natural o lo dejas”. Y casi mejor tiro la toalla.
…
…
…
Con esta persona nueva, pienso que podría llegar a tener una buena amistad. Sin embargo, ocurre que siento que se esta repitiendo la historia… por parte de él. Y realmente me preocupa porque, a pesar de haber concientizado (en otro de esos autoanálisis) que mi sexto sentido realmente existe y funciona, aún doy vueltas antes de decir “es lo que estoy viendo”, por miedo a estar viendo erróneamente. Y si llego a decidir que estoy viendo bien, luego el hecho de enfrentarlo… Simplemente no quiero que me hagan sentir que “yo soy la loca” otra vez.
Y entonces empieza ese ciclo nuevamente de sentirme inferior a otra (que ya se está haciendo sentir con preguntas mentales intensas) y la verdad… no. No quiero eso en mi vida. Ni sentirlo yo nuevamente ni que me lo hagan sentir.
En fin… Si, de psicólogo… o de deshacerme de todo y comenzar de cero. No sé. Alguien tiene el remedio?
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La taza, el agua... A veces una ollita y la mayoría el microondas. A mi vida aún no ha llegado la tecnológica tetera eléctrica que conocí en Londres. Allá tampoco la usé.
Antes de él, un poco de ansiedad, no puedo estar quieta. Coloco la taza con el agua y 2 minutos de paciencia hasta que suene el “pi-pi-piiiiiiiiiiii” del microondas. Me siento… Me levanto… Me pongo frente al microondas y pienso “¿esta vaina hará algo si me paro aquí? Sape, mejor me pongo allá” y me aparto, un poco lejos por si acaso da cáncer. Voy a la ventana… miro un poco el paisaje y me cuesta creer que aún no hayan pasado dos minutos y regreso a mirar el contador… 1.15… Otra vuelta. Aquí es donde compruebo –una vez más- que la paciencia no es mi fuerte.
… Como si viendo el relojito lo acelerara… 5, 4, 3, 2, 1.. PI PI PIIIIIIIIIIIII!
Llegó el momento! Saco la taza del micro y abro el gabinete… mmm… Cuantas cajas de tantos colores, cuál tomaré hoy? Amarilla para no envejecer, verde para relajarse, azul, para dormir… Cítrico, dulce, amargo… Tantos sabores con tantas facultades y el mismo resultado: un momento de paz.
Escoger la bolsita perfecta. Y de ahí el mágico momento de meter y sacar la bolsita del agua… Entra y las burbujas hacen que el agua chispee… Sale y empapada, escurre a chorros, hasta la última gota, el líquido ya colorado. Sé que lo ideal es solo dejar la bolsa reposar, colocar la tapa de la taza y esperar 2 minutos más a que la magia surja, pero ese momento de la bolsita haciendo lo suyo, tiñendo el agua de color proveniente de la naturaleza, es simplemente único… y yo, cuál científica loca (de lo que no tengo un pelo… bueno, de loca si…) inclino mi cabeza, frunzo el ceño y miro interesada cada detalle.
Ya… ya la bolsita no puede dar más. A punto de romperse, decido extraerla por completo, no vaya a ser que todas las hojitas caigan dentro.
Y suspiro… Aquí va.
Cuando bebo el primer sorbo, escucho a mi cuerpo orar, dar gracias por la vida. Es como un momento de contemplación. De pronto, empiezo a elevarme. Mi espíritu simplemente se libera durante los 5 minutos que me toma beber mi taza de té y la paz me llena.
Es la paz que me acompaña, al menos, medio día.
¿Qué haría yo sin ti, mi momento inglés?
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Hola meloñ,
Esta vez te escribo para compartir contigo una experiencia.
Tu sabes que yo soy muy hippie… o bueno, para ser más exactos, soy muy esotérica y creo en todo lo que es energías, personalidades asociadas a días de nacimiento… y en sueños también.
Bueno… Esta experiencia tiene que ver con un sueño que tuve anoche.
Posiblemente tenga que ver con que ayer fue mi 2da presentación de Danza Árabe y por supuesto, volví a verla. Tenía tiempo sin hacerlo y felizmente esta vez no sentí ese revolcón de estómago que sentí las veces anteriores cuando me la encontraba por casualidad o porque por enésima vez coincidíamos en algún evento. De una “amistad” tan larga, no todo se puede cortar y aún tenemos amigos y actividades que nos fascinan en común.
En esta oportunidad solo la vi y dije “ah… sigue en la academia”. No la perseguí con la mirada ni me puse paranoica a pensar que el que estaba en el auditórium iba a deleitarse. No me hice historias. En fin, nada pasó. Solo pasó por mi cabeza una vez más lo triste que se sintió (y se siente) una traición de esa magnitud.
Últimamente, meloñ, he vuelto a sorprenderme de mi misma. En aquella oportunidad, me pareció increíble que yo, después de tanto repetirme que si me traicionaba quien yo amaba jamás perdonaría algo semejante y sería la despedida definitiva, lo hiciera. Supuse que tenía que ver con las circunstancias, con que yo tampoco fui la mejor persona… llegué a pensar que lo había provocado yo, pero según mi propia experiencia, nada lo justifica.
Ahora mi sorpresa es encontrarme pensando que podría hablarle a ella y perdonarla. La verdad la palabra suena GRANDÍSIMA en mi boca… me siento estúpida diciéndola. Siento que mi ego se ve desde afuera demasiado EGO y sinceramente no es lo que quiero expresar. No sé si me entiendes… El dolor que yo sufrí (Y creo que aún sufro) no fue normal y la tristeza mezclada con rencor, combinado con el golpe bajo en el autoestima, no fueron “juego de carrito”, así que el hecho de pensar en volver a hablarle y darle la oportunidad de decir algo y luego expresarle “no te guardo rencor, la verdad te recuerdo con cariño a pesar del mal final que le diste a nuestra amistad” es algo que me ha puesto auto analítica. En fin… Estoy alargando el cuento.
Por supuesto anoche caí como un tronco en la cama luego del baile y tuve muchos sueños, pero este fue el que me hizo despertar sumergida en mucha sorpresa y preguntas sobre si habrá sido un sueño en conexión:
El sueño se desarrolla en una especie de habitación amarilla con naranja, Camilo (creo) estaba allí. Ella también, con un traje árabe distinto al que llevaba ayer, más tradicional. Yo tenía mi traje de danza árabe verde. Entré en la habitación y la enfrenté. Creo que ella estaba molesta, porque después de lo sucedido, sin querer pero queriendo he hecho que algunas personas se enteren de lo ocurrido. Sin embargo la agarré y la tiré en la cama que estaba allí y la acorralé, le pregunté quién le había enseñado esa nueva actitud (estaba hablando como una carajita gafa, parecía Billy el de Billy y Mandy, y era insoportable, además de estar usando muchas ironías) y que por favor lo cortara que la cosa era seria. Entre muchas cosas que le dije, le hice saber que lo más doloroso para mi había sido ella, que la tristeza más grande la había sentido por ella. Que de un hombre una se espera esas cosas y que como ella sabía, yo estaba clara en que él podría hacerlo en cualquier momento (claro que no me imaginé que fuese justo cuando decidimos recuperarnos) pero que nunca imaginé que la que definía yo como mi mejor amiga, casi mi hermana, fuese a hacer tal cochinada. “Quiero que sepas eso”, le dije. Creo que yo estaba llorando y no sé si ella también, pero puedo decirte que, después de haberle dicho todo lo que necesitaba, sentí una paz… y la sentí tanto dentro del sueño, como fuera de él. Sentí un descanso…! No la acorralé más y me fui. La vi verme mientras me iba.
Desperté meloñ queriendo que ese sueño hubiera sido una experiencia compartida, que ella de verdad haya estado allí y haya escuchado. Para mí eso es totalmente posible! Y sigo queriendo que haya sido así.
¿Haber soñado con eso y el hecho de sentir poder disculparla, me hace ser una estúpida? ¿Seguir sintiendo tristeza por lo que pasó, sentir tristeza por haber perdido a una de mis grandes amigas de una manera tan atormentante me hace tarada? No lo sé… posiblemente si, pero creo que no me importa mucho.
Creo que Dios está conmigo.
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