El ser humano como ser intuitivo sabe, desde la concepción de una idea, si está actuando bien o mal.

Por ejemplo, desde el momento que un niño piensa en robarse un caramelo sabe que no es lo correcto. Lo que cambia todo es la decisión de llevar a cabo el robo o no, de seguir la intuición y consciencia humana o ignorarla.
Si decide llevar el robo del caramelo, el lenguaje corporal, la actitud y todo revela que sabe que no está bien hecho, y para todos al rededor es obvio menos para ellos, pero igual continúa su ejecución. 

Aunque no lo quiera, incluso después de ejecutado y si logra su objetivo, el ser humano suele sentir un peso mental proveniente de la consciencia que se intenta aligerar con razones (para mi excusas) para justificar el acto cometido: " es que tenia hambre", " se veia muy rico", "el caramelo me estaba hablando"... Muchas veces se las repiten tanto a si mismos que terminan creyendo que son verdaderas razones de peso y justicia y no asumen su error. 

Son pocos los seres humanos que deciden seguir su intuición y son aun menos los que, si la ignoran y continúan a pesar de saber que actúan mal, al final de cuentas reconocen su error.

Salud por aquellos que siguen su intuición y consciencia y los vasos aún más alzados por aquellos que saben reconocer sus errorescy pedir disculpas.

En la vida solo queda mejorar como ser humanos, ser coherentes y felices!

Ya ni reir se siente bien. Se siente como si al reirme de cualquier cosa, no le estuviera dando el respeto que merece cada niño asesinado, cada persona reprimida.

Cada vez que cualquier cosa me hace sonreir o reír, a mi memoria vienen inmediatamente las imágenes de gente sufriendo con los gases, de aquel muchacho que mostró su desnudez y con ella las condiciones en las que esta sobreviviendo el venezolano, sus perdigonazos y sus ruegos; viene a mi memoria ese muchacho arrollado por la tanqueta, el quemado por la explosión de la moto... Juan Pablo y el lugar de su muerte, Armando y su cara sin gestos al subirlo a la ambulancia, el ajusticiamiento de Hecder. Es un acto automático.

Cada vez que sonrío siento en mi corazón el dolor del himno en un funeral injusto, el dolor que como madre siento cuando otra pierde a un hijo.

Ya ni siquiera soy libre de reír gracias al dolor que esta dictadura me ha causado.

Son 18 años de muerte. Y siento que también me mataron por dentro.

Me cayó la locha de zopeton.

A ver, tenía días pensando en ello, pero de un momento a otro se hizo una realidad en mi pensamiento. Fue como salir de un shock.

Sucedió mientras veía este video en la que una tanqueta de la maldita (porque debe estar maldita) guardia nacional bolivariana (en minusculas) avanzaba en la Av. Sur de Altamira y en su camino se llevaba por el medio a manifestantes... es decir, a SERES HUMANOS.Ya no les es suficiente con lanzar bombas de gas ilegal, que pica y arde en los órganos, que inflama e irrita la piel; ya no les basta con el gas que desmaya a madres, hijos, abuelos, jóvenes en medio de la marabunta y del caos.Tampoco les basta con balines, metras y hasta balas de hierro, de verdad, ni con sus botas, sus culatas o sus puños. Ahora, tambien nos atropellan, primero con sus motos y después con sus tanquetas.

Sé que a estas alturas del partido ya no debería sorprenderme nada, pero sinceramente no salgo de mi asombro. Y doy gracias por ello.

En fin... vi el video y quedé en shock.

Decidí abrirlo de nuevo y mostrarlo a un par de compañeros de trabajo, que no tienen ni puta idea de lo que es una dictadura. Uno decidió escapar de la pantalla, alegando que aquello "lo ponía enfermo". La otra decidió hablarme, decidió indagar sobre todo el por qué de mi auto-tortura.

- Para que ves eso? no puedes hacer nada desde aquí. No logras nada más que estresarte. No ayudas a tu familia.

- ... Pero es que estoy en shock con esto... son venezolanos atropellando a otros venezolanos...

- Igual, que no ayudas a nadie viéndolo, entonces para qué lo ves?

- ... Pero es que mi familia esta allá, mi familia está viviendo esto...

- Y cómo los ayudas viendo esto?

- ...Y entonces qué hago, me despego de lo que sucede!? Mi familia esta alla!! -y empezó a caerme la locha.

- No estoy diciendo eso, lo que digo es...

- No ves que esto le puede suceder a uno de ellos??? Mis padres, mi hermano, mis primos, tíos y hasta mis abuelos están saliendo a estas protestas! están allí donde esta gente está siendo atropellada! Ellos van, marchan y se regresan antes de que la represión comience, sin embargo llegará un momento muy pronto en el que ya no regresarán, se quedarán, porque la dictadura esta haciendo cosas que cada vez frustran y arrechan más a la gente y no va a haber otra solución que quedarse en la calle...
Nosotros hemos tenido la suerte de que hasta el sol de hoy nada realmente malo nos ha tocado... Si, nos han secuestrado y robado, nos han encañonado, pero aún no nos han herido o matado a alguien Y SIENTO QUE ESE MOMENTO LLEGARÁ, QUE ES INMINENTE... - y allí, justo al final de la última palabra, las imágenes se hicieron vívidas en mi cabeza, de pronto algo que cuando lo había pensado aún se hacía lejano, se convirtió en una posibilidad real en mi cabeza.

De su parte solo hubo un silencio.

- De eso es lo que te hablaba esta mañana. Cómo reprogramas tu mente con respecto a la muerte cuando algo como esto pasa? Cómo aceptas la muerte es algo natural en estas circunstancias?

Decidí no verle a la cara para evitar que notara el temblor en mis labios y la aguadez en mis ojos. Solo escuché sus disculpas. Sólo escuché cuando se alejó pensando que me había afectado con sus palabras. Sólo alli dejé que cayeran las lágrimas rapidito, porque estoy en el trabajo... que no me vean llorar.


Esta es la verdad del terror.

Pertenecer a nada aún estando en distintos grupos, conociendo gente diferente. Aún cuando hasta algún momento me sentí parte de Algo.

Hoy leo y siento es hastío.
Veo y me da pereza.
Escucho y quiero huir a mi cueva y no salir mas.

Siento que no puedo hablar, porque podría provocar un holocausto.
Siento que los que hablan están vacíos y no les importa.

Soy testigo de la hipocresía y al mismo tiempo escucho la contradicción de un "yo la/lo quiero". Alguna vez fui partícipe silente y me asqueé. Incluso de mi misma.

Mis oídos han estado allí, escuchando lamentos. Mis ojos han visto lágrimas y mi corazón ha sentido su tristeza, pero nada puedo hacer por aquellos que aman estar tristes, sentir lástima por si mismos, refutar la realidad. No puedo más que sentir decepción por el poco valor a mi presencia.

Desde hace mucho no pertenezco.






Yo veo todo con otros ojos, como con aquella inspiración que viene desde el pecho. Hasta la música que suene en ese momento tiene un profundo impacto.

Hoy rodaba por las Hills, y de repente sonó Shania Twain y senti una tristeza inmensa por no poder compartir esto con ellos. Llegué a escribir un "los extraño", pero nunca pisé mandar.

Luego sonó UB40 y disfruté del paisaje hermosísimo, lleno de viñas.
Veía los pinos de un verdor fosforescente y las vacas en las granjas  como si fueran gloriosas.

Luego sonó Janet Jackson y por alguna razón solo daba gracias.

Gracias por el paisaje, los vinos. Gracias por mi compañero de vida.

Le pedí a Rodrigo rodar con las ventanas abiertas porque nada como el aire puro y disfrutar de la naturaleza. Sacaba la mano por la ventana y el viento la soplaba con fuerza... yo solo sonreía de poder sentir esa tontería. Me sentí como un perro. Casi saco la lengua y la cabeza por la ventana.

Veía todo a través de mis lentes sepia, así que un poco más romántico.
El camino de grava y bittersweet sinphony en la radio. El atardecer cayendo, 6.30pm. El sol de la tarde que delicadamente brillaba en mi cara...

Y de repente la autopista.

De ese día solo me quedaban dos botellas de Ngeringa y los recuerdos.



Siempre he escrito, desde que tengo uso de razón.

Siempre he sido abierta con mis emociones y escribir siempre ha sido la mejor ventana para mi para dejar salir todo aquello que crea, se cuestiona, razona mi mente.

Nunca he tenido temor de exponerme, desde muy pequeña he dejado que otros lean lo que escribo. Antes de la adolescencia, tenia  mil cuadernos con innumerables poemas, cartas, prosas… que mostraba a amigos, mi hermano, enamorados… Recuerdo que a uno de ellos no paraba de dejarle mensajes en paredes, en pupitres de clases en común sin miedo a que otros supieran quien era la mensajera y para quien era el mensaje. Sin miedo a que el receptor supiera quién era la emisora.

Más tarde, apareció internet y con ella infinitas posibilidades para compartir mis ocurrencias, entre ellas Predicado, donde aún conservo muchos de mis escritos. Luego se me ocurrió abrir un blog donde pudiera escribir de cualquier cosa, no solo de amor o tristezas.

No sé en qué momento deje de usarlo y voltee mi mirada al Facebook, donde los estados han servido de catarsis bien sea por trivialidades o cosas más “profundas”, donde aprendí que sin extenderme puedo decir mucho.

Mientras todas esas etapas ocurrían, paso también que deje de ser una persona poco comunicativa (verbalmente) a comunicar demasiado, y al mismo tiempo sucedió que emigre. Emigre a los 28 años, a un país que queda a aproximadamente 16mil kilómetros del que me vio nacer y crecer, con mi esposo e hijo, pero sin mis padres, hermanos y familia de toda la vida.

A pesar de tener a mis dos tesoros, y creo que este sentir no es solo mío, esa necesidad de formar parte de una familia grande, bullosa y donde están los unos por los otros para las verdes y maduras, apareció en mi y no supe interpretar todo esto sino hasta hace un mes.

Emigrar te cambia de un modo que, todo lo que pasa a tu alrededor, a ti a los tuyos, se siente con mucha más fuerza. Te vuelves más sensible.

Para mí, cada persona que he dejado entrar a mi vida se ha vuelto necesaria;  las he convertido en un “para siempre”, como si fuera gente que he conocido toda la vida. Y es que la amistad, desde que me volví inmigrante, tomo otro sentido: el apego ha sido mayor, la entrega infinita y por ende cada pequeña petición la cumplo sin miramientos, pero también cada resbalón ha sido como una caída al vacío. Así de dramático.

Si yo he vivido una montaña rusa de emociones en mi vida, ha sido durante estos 5 años de inmigrante y mi manera de vivir la amistad.

El final del 2016 y el principio tumultuoso del 2017 me enseñaron muchas cosas:

-          Aceptación. Aceptar a quien de verdad quiero, tal y como es. Incluyéndome.

-       Agradecimiento. Asi se ve la vida desde otro punto de vista y se le da importancia a lo que realmente la tiene.

-          Nadie actúa, piensa o siente igual. No todo el mundo valorara lo que haces por otros, ni se entregara de la misma manera. No todo el mundo ve la amistad de la misma manera. Por ende,

-          Desapego. El apego a las personas solo sirve a largo plazo para traer tristezas y decepciones.

-      Volver a mis bases. Tal vez escribir sea mejor que hablar. Tal vez asi hiera menos con mis opiniones y emociones.

-          Lo más importante de mi vida, y mientras estén, yo estaré bien: Mi esposo y mi hijo, mi perro y mi gato. Los demás son complemento de mi felicidad, pero tengo a mi lado lo que de verdad me completa.

-          Cero dramas. Soy dramática, pero al mismo tiempo odio el drama. Odio a mi cabeza cuando no para, cuando no me deja dormir. Por ende todo aquello que represente drama, será ignorado. No puedo perder mi sueño más de esta manera.

-          VIAJAR. Esto me hace feliz. Tengo que hacer las cosas que me hacen feliz!!








Y aunque sea un cliché, estas son mis resoluciones del 2017.

He vuelto y no hay quien me quite el lápiz! (o el computador).

Hoy mientras buscaba una dirección en Google Maps, apareció frente a mis ojos esa enorme figura de destapador de botellas que tiene el mapa de Australia y al rededor de ella azul, mucho azul de agua de mar... Y no pude evitar sorprenderme por lo aislados y solos que estamos en esta inmensa isla.

Me produjo cierta tristeza. Sin embargo, no dejo de darle gracias a Dios por habernos dado la oportunidad de vivir en esta tierra y le he agradecido más que nunca este mes, siempre con un agrio sabor en el gusto y el corazón, tragando grueso, por las lágrimas de la lejanía familiar.


La muerte de Mónica Spear ha desenfundado entre nosotros, los venezolanos que vivimos en el extranjero y los que no, una realidad que sabíamos que existía pero que, como todo, no la "asimilamos" hasta que nos la tiran en la cara (o nos ocurre a nosotros).

Mucha gente critica la cobertura que se le ha dado a esta terrible noticia por ser un personaje público, siendo éste el pan de cada minuto de muchos "hijos de vecino" en nuestro país, sin embargo yo agradezco que sea noticia y se mantenga en la palestra, pues por algún lado y de alguna forma hay que empezar a abrir los ojos a la terrible situación que nos aqueja.

Este pan nuestro fue uno de los principales motivos por los cuales emigré. En lo que va de Enero 2014 ya he sabido de casos que nadie en otro país se imagina que suceden, como que entren en casa de alguien con una granada, como que maten a un señor por unos perniles o que alguien llegue de unas vacaciones heladas deseando el clima de su Caracas pero se le quiten las ganas porque estuvo a punto de ser asaltado dentro del aeropuerto. 

Al menos salvé a mi hijo de aquello. Y aunque me duela mucho decirlo y aunque extrañe enormemente a mi familia más que a nada en el mundo, El Ávila, los jugos naturales y nuestra exquisita gastronomía, no me quedan ganas de volver ni de vacaciones. Temo enormemente ir y no volver. Más temo que mi hijo no vuelva. 

Trsitemente mi hijo es parte de esa generación que crecerá sin abuelos, gracias a la desgracia que ha caído en nuestro país. Posiblemente poco entenderá de la importancia de estos seres en su vida.

La gente piensa que uno emigra sin pensar en los sacrificios y consecuencias que conlleva, sin pensar en la gente y la vida que una deja atrás, que no lloramos cuando nos enteramos de una amiga que se casa, de un primo que va a ser padre, de un familiar enfermo... Que la decisión es tomada a la ligera y sin análisis y que nos vamos y no nos importa nada ni nadie. Pocos entienden que el emigrante venezolano se va de su país buscando una paz que encuentra a medias y que le golpea la cara cada mañana al despertar sabiendo que tus padres, hermanos, primos, tíos, abuelos y amigos siguen viviendo en aquella locura que dejaste.


Venezuela, un país hermoso en geografía y paisajes, pero con una esencia perdida. Un país lo hace su gente y lamentablemente la gran mayoría no te hace bien.

 Espero poder verte regenerada algún día, aunque ahora se me pinta lejano.

Por ahora me quedo con mi destapador de botellas aislado.

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